Anoche pinchamos en el Groovie, fue la primera vez que pincho un sábado en Malasaña. Y fue bastante decepcionante. Practicamente nada más terminar me fui a casa en silencio, cabizbajo, después de comerme un cacho de pizza horroroso, y me dormí enseguida. Fue decepcionante en todos los sentidos, a pesar de que me sentí muy bien durante el ejercicio del trabajo en sí. Se suponía que iba a ser un sábado muy liado, tenía plan desde el aperitivo, que supuestamente se iba a alargar hasta la hora de la sesión, pero los planes fueron cambiando a lo largo del día, y me lo pasé casi entero en casa; así que tuve tiempo de prepararme bien la música, cosa que no hago otras veces. Estoy acostumbrado a improvisar todo el tiempo, cuando pincho, tirando de la pila de CDs o LPs que haya, incluso sin llevarme música propia. Pero últimamente hemos formado una pareja de DJs, y mi compinche solo sabe pinchar con el ordenador. Es un tío muy pragmático, lleva un ordenador, una mesa y toda la música muy estructurada, incluso con las marcas en las canciones donde se solapan, o aquellas que remezcla un poco. Lo tiene todo durante semanas. Hacemos Sesiones Symbióticas de Liberación, un ejercicio inspirado en el SLA. Quedamos para preparar un “marco simbólico” de la sesión, y para hacer un cartel alusivo a la temática. Esta vez simplemente nos habíamos propuesto hacer un rollo bipolar, pinchar rock alternativo un rato, y luego música negraca. Hicimos un cartel bastante guay, obviamente inspirado en el imaginario del Ejército Simbiótico, coronado por una frase inspiracional que tenían en sus cuarteles (“Death to the fascist insect that preys on the life of the people”), y cuyo centro eran las fotos de Donald DeFreeze y Patty Hearst posando para el FBI, pero sustituidas sus placas de identificación por sendos álbumes, uno de James Brown y otro de Nirvana. Los carteles los hacemos de coña, es una excusa para quedar de vez en cuando, beber y fumar algo. Hacemos los carteles, tenemos logos, hemos hecho chapas y hasta camisetas. Habíamos pensado ir uno disfrazado de negro y otro de hipster, y abuchear cuando el otro pinchara lo contrario, pero aquello iba a parecer más una zarzuela. La cosa es que a nuestra edad, hemos perdido por completo el respeto a los DJs de Malasaña, esos titanes a los que yo admiraba tanto, que aparecían con su maletín de piel de marta lleno de maxis de vinilo de edición limitada. En estos tiempos que corren nos hace mucha ilusión este proyecto, que basicamente consiste en convocar a todos los colegas posibles en un bar un par de veces al mes y poner canciones una detrás de otra. En mi caso, lo que más ilusión me hace es librar del curro y ver a los amigos en el lado bueno de la barra, durante el rato que no me toca pinchar. Disfruto más esos ratos, con una copa en cada mano y totalmente desprendido del menor atisbo de responsabilidad respecto al garito; porque estar detrás de la barra solo, poniendo música, me pone bastante nervioso y no me hace mucha ilusión. El caso de DeFreeze es distinto, porque a todo no camarero le hace ilusión entrar tras la barra, no pagar por las copas, y estar al timón. Además él trabajó durante bastante tiempo pinchando en bodas, y eso debe ser un infierno. Estaba muy frustrado y quería prepararse sus sesiones de r&b, con todo lo que sabe y le apasiona la música. Me pilló por banda hace mucho tiempo y me insistía e insistía con esta idea, que por fin se ha materializado. Y tenemos fechas, como los profesionales, en cuatro sitios, incluso una Sesión Simbiótica de Liberación en San Sebastián.
Pero lo de ayer fue decepcionante, en general. Todo empezó mal. Vinieron DeFreeze y el Chichas a mi casa. Chichas no conocía mi nueva casa, tan mona ella, que la estoy todo el día decorando, como un chiflado, estoy muy feliz aquí y es todo muy pop y lleno de libros y cosas. La semana pasada por ejemplo me centré en el cuarto de baño. Pinté un poco un espejo con churretones de colores; colgué dos láminas sobre cartón pluma en una pared, de un pintor burtoniano del barrio que expuso hace un mes en mi bar; y estuve pegando pequeños vaqueros de plástico de colores uno a uno con pegamento, desafiando la gravedad en horizontal sobre el lateral de un armario, apuntándose con sus armas entre ellos como en un eterno macro-duelo del Oeste cíclico. Estoy poniendo detalles de loco por todas partes, me entretiene. Pues a Chichas le gustó el sitio, se sentó en el sillón de orejas de Diabolik a fumar su cigarro electrónico y a tomar café mientras pasaba mi música al odioso portátil de DeFreeze. Nos reímos mucho, haciendo chistes de adolescencia. Pero la putada es que teníamos mal pálpito respecto a lo que se avecinaba, porque no íbamos a poder cumplir con el rito de la cena en el Lozano, ya que estaba cerrado por acontecimiento familiar. Qué hijos de puta. Erramos de arriba a abajo por las calles y cenamos en una plaza tirados comida para llevar con unas cervezas. Hacía muchísimo frío, y el whassap de los tres ardía con mensajes de gente disculpándose porque no iba a poder venir. Fuimos al Camacho a por un botellín para llegar un poco impuntuales y no parecer ansiosos. En la tele estaba actuando Kurt Cobain para Eurovisión. DeFreeze se comió una pirula con su cerveza, como una estrella del ruock. Al llegar al sitio, resultó que el dueño, el Jesucristo Mod, no venía. En su lugar estaba una camarera de veinte años más tonta que una piedra, muy borde y muy brasas. Se hacía la graciosa conmigo a base de quejarse, y al principio me hacía ilusión, no estar solo tras la barra, pero a los diez minutos ya no la aguantaba; y acabó discutiendo con mis colegas, ya tajados, porque es una borde existencialista de manual. Otra cosa que pasó fue que se me había olvidado pasar los videos de .mp4 a .avi, olvidé que el proyector de allí no los leería. Había estado preparando casi cinco horas de escenas cortitas, de 1 a 4 minutos, intercalando rollo negraco (imágenes de los Panteras Negras, Angela Davis, James Browns, los Globetrotters, Fat Albert, Bill Cosby, Rosa Parks, Malcolm X, Blacula, Cleopatra Jones, Sun Ra…) con rollo indie/hipster (videoblog de un imbécil malasañero, shoegaze, straigt edge, Sonic Youth, Yo La Tengo, Amelie, Isabel Coixet, muffins, brunchs). La otra vez (que la sesión iba de agentes secretos bizarros) a la gente le gustaron mucho los videos. Qué desastre, cuando caí en la cuenta de que no leía nada… Todo era un poco frío, en general. La otra vez que pinchamos aquí fue maravilloso, y Jesucristo Mod fue el que mejor se lo pasó del mundo, bailamos como hechiceros vudú y nos dejó poner música hasta las cinco y media de la mañana. Esta vez era todo extraño y ajeno. Vinieron también muchos colegas, pero estaban charlando de dos en dos, solo bailábamos tres o cuatro. La gente ajena a nuestro círculo (poquísima gente; yo creía que esto se llenaría los sábados y parece que corren malos tiempos para la Malasaña olskool, peores de lo que pensaba) estaba pegada a la barra sin mover un solo músculo, ni siquiera un poquito el trapecio o los escalenos. Parecía que en lugar de en el Groovie estuvieran en el Bar Prado a las 10 de la mañana. Pero no se iban, no, se comieron cuatro horas de sesión sin dar señales de vida; muy horroroso no les parecería. La verdad es que estuve pinchando muy a gusto mis dos horas y pico, otras veces me agobio mucho y estoy deseando salir de la barra; o me hago un puto lío con el Virtual Díyei 3.4, o incluso se colapsa el ordenador, que una vez me pasó, o simplemente quiero estar borracho y no en el jodido ordenador (odio pinchar con el ordenador; no es que sea un pureta, una polla, pero yo estoy acostumbrado a pinchar con CDs piratas que me confecciono horas antes, con música del eMule, y la doble pletina es sota, caballo y rey; de verdad que odio el ordenador de DeFreeze más que al asesino de mis padres). Esta vez, escarmentado, me había traído toda la música en varias carpetas, ordenadita, tagueada. Y la sesion bastante clara en la cabeza, como digo, desde esta mañana. La primera hora fue jodida música indie. Me negué a poner chicharra de los dos mil, pese a que iba a venir gente como la Java o Laura (encima no vinieron), y me inventé mi propio concepto de indie. Puse a Andrew Bird’s Bowl Of Fire, Firehose, Sebadoh, Pavement, Geraldine Fibbers, Bad Religion, Big Soul, DeVotchka, Louise Attaque, Mr. Bungle, Jacques Dutronc, Tiger Lillies, Tom Waits, Violent Femmes, Beastie Boys, Luna, Pixies y no sé qué más, más o menos una selección improvisada de canciones de las que escuchaba en el walkman hace veinte años. Pinché para mí, para el Chichas, el Tomates y un par más de los que habían venido. De todas maneras sabía que no iba a haber nadie más a primera hora. Luego pinchó DeFreeze, que es más contemporáneo, y había tres ingleses al fondo que hasta fueron a felicitarle. Había un cumpleaños o una despedida de soltera de unas tías muy majas que iban todo de negro. Ah, nosotros nos habíamos hecho sendas camisetas rosas. Había unas mamarrachas amigas de la camarera, y había poca gente más. A mí vinieron a verme, porque si no les hubiera retirado el saludo, unas veinte personas, practicamente llenábamos el bar.
Total que después empezó el rato de la música negra. Me había preparado una batería de canciones en orden para abrir, cosa insólita en mí. Empecé con una versión muy fina de “El negro zumbón”, así de coña, y luego puse en este orden un par de calypsos, un par de skás y como un guante enlacé con los llenapistas de funk sucio y salvaje que siempre me funcionan. Y luego todo temazos uno tras otro: afrosoul, latin soul, northern soul, funk, Esquerita, Chuck Berry, Little Richard, Bunker Hill, Zodiacs, Cadets, Frankie Valli, Joe Tex, Clarence “Frogman” Henry, Booker T., hasta Michael Jackson niño y Louis Prima. Solo puse a dos blancas, Lillian Briggs y Wanda Jackson, pero no creo que fuera por el arrebato racista que la gente no se moviera casi nada. Joder, es que solo bailaban el Chichas y dos más. Con las canciones conocidas sí que parecían hacerse círculos, pero es que no me apetecía poner The Mierdettes todo el rato. Como digo, yo estuve muy a gusto y no quería ni mirar a la gente, pero algo raro había en el ambiente. Bueno, qué coño, es que no había casi nadie. Parecía un martes. Cuando luego siguió DeFreeze yo me tuve que ir a casa cristo a comprar tabaco, y de alguna gente ni me despedí. Ah, vino el Eggtor y su chica, que estuvieron analizando la sesión (y hasta le puse el tema de Rare Earth dedicado) y les gustó mucho, ya me contarán, pero que igual, estaban ¡sentados! Estaba todo el mundo paradísimo, y de verdad que no sé por qué. He pinchado suficientes veces cosas parecidas, hasta en el casco viejo de Guadalajara, y a las dos de la mañana el que no se mueve un poquito o tiene alguna enfermedad terminal o está pasando heroína. No es que me sintiera mal, de verdad que no, porque como digo yo estaba pinchando para mis cuatro colegas que sí estaban pasándoselo teta; a lo mejor el problema era ése… Bueno no, el problema es que qué ha sido de los sábados en el Groovie… Cuando yo salía estaba lleno, la gente entraba con las lambrettas directamente hasta la barra de punta en blanco y con faltas de volantes bailando sobre el asiento. Fue un poco raro. Otra cosa que pasó, ahora que lo pienso, es que yo estaba muy sobrio y con la cabeza en otra cosa, porque S. estaba de despedida de soltera y me dijo que no se iban a pasar, pero esa es otra historia. A última hora pasaron dos cosas muy muy extrañas: P., mamada como una mona, de pronto me dijo que parecía fin de año, que había muérdago encima nuestro, y que le diera un muérdago. Pues vale, pero fue raro… Es otra historia muy larga. Y luego cuando me estaba comiendo mi pizza de antes de un pis y a la cama (lo que contaba al principio del todo), entró una tía en la pizzería que iba también muy, muy borracha. No hablamos ni nada, yo esperé fuera fumando. Me sonaba de haberla visto en mi bar o por el barrio. O en el Barco, que está lleno de chifladas, seguramente. Cuando nos dieron las porciones, ella salió un poco antes, y me esperó fuera, mirándome fijamente. Yo la miré fijamente y pasé de largo. “Bueno, yo me voy a casa”, dijo, señalando al portal de enfrente. “Chao” dije yo, o algo. Iba a doblar la esquina, y la chica me llamó, apenas manteniendo el equilibrio gracias a que estaba apoyada sobre su calzone. Me llamó algo, que juraría que era mi nombre, pero a esta tía yo no la conozco salvo de vista, o puede que de alguna noche un poco más larga en el Barco, pero haría meses de eso. Me di la vuelta y me insistió: “Bueno, yo me voy a casa, dame un beso, ¿no?”, parada, señalando al portal de enfrente. Me dio hasta mal rollo, la pobre. Y estaba buena, incluso estando yo sobrio ella estaba bastante buena, y es de mi estilo. Le di dos besos y le dije que yo también me iba a mi casa. Se quedó como esperando algo, no sé el qué, pero yo me quería ir a mi casa. Mierda de estar sobrio, en qué hora. Yo creo que me confundió con otra persona, no tiene sentido que se refiriese realmente a mí, que nos hayamos conocido en la noche y yo no me acuerde (aunque sé que la he visto antes, seguro, me resulta familiar yo creo que de la fauna del Barco a las tantas entre semana). Pero todavía tiene menos sentido que una tía a mí me tires los trastos y me invite a subir a su casa sin conocerme. A mí eso no me pasa ni me pasará. Me giré muy digno y me fui comiendo mi pizza calle abajo hasta mi casa.
Hoy me he levantado muy raro. Llevo cuatro semanas inmensamente feliz. Estuve en Barcelona unos días visitando a A. (ahora no me apetece hablar de eso; hoy me ha escrito, por cierto), mi casa ya digo que está muy bonita y estoy muy a gusto en mi nueva vida, estoy librando bastante en el bar para hacer otras cosas cuando me apetece, y encima está esta chica que he conocido hace un mes y que se ha venido a vivir a mi edificio. Vamos juntos a muchos sitios, vemos pelis románticas en mi casa cada semana, una tarde estuvimos 14 horas seguidas de bares, no pasan tres días sin que venga a verme al curro o me timbre a la puerta, pese a que trabaja 60 horas a la semana. Le chiflan los gatos, tenemos gustos similares muy parecidos. Tiene un cuerpazo, tiene los ojos de un azul lapislázuli increíble y con la pupila muy grande cuando estamos juntos, es muy inteligente y le encanta estar conmigo… estoy muy emocionado con esta historia aunque probablemente no vaya a ningún lado, como siempre, pero me ha dado muchísimo oxígeno conocerla. Tiene 25 años y eso es un gran hándicap; pero supongo que si tuviese 35 ni siquiera sabría que existo encima suyo. Pero es muy bonito lo que estoy viviendo ultimamente entre unas cosas y otras, estoy muy creativo, pintando, escribiendo, leyendo mucho, viendo películas enteras sin moverme del sillón, con lo que me cuesta a mí eso. Estoy bebiendo menos alcohol de lo normal y eso indica que estoy a gusto. En el último mes solo me puse triste un ratito el jueves. Soy una persona melancólica, mi estado natural es estar solo, esconcido en el sofá leyendo y escuchando Radio Clásica, qué se le va a hacer, me gustan las cosas tristes y melodramáticas; y sin embargo estas últimas semanas he estado casi todo el tiempo muy feliz, muy sobrio, madrugando, saliendo mucho a la calle, emborrachándome lo mismo que un oficinista, trabajando a gusto, con Lau y Nai las cosas están mejor que nunca, con mi familia también. He tenido un sobrino, nació el 22-F, y me siento casi casi casi como un padre. Es precioso y está todo el tiempo riéndose. Y a su madre de pronto la quiero muchísimo y hasta he ido a verles al PAU de Tomarporculo, si no he ido más es porque llovía. Estoy viviendo momentos muy dulces. Aunque lo de anoche, mi sábado libre para estar con los colegas, fuese en general extraño y muy poco symbiótico.
Y decía que hoy también estoy rarete. Es lo normal en mí, levantarme existencialista, y ya no me pasaba. Hoy un poco, pensando en las cosas que pasaron anoche. Que pasaron más cosas, tampoco lo voy a contar todo, movidas con el curro, cosas. Movidas. Todo está bien pero me he levantado intenso. Y me he ido a desayunar al jardín rococó del Museo Romántico, con mi libro, despacito, todo digno, para ver si se me pasaba la tontería. Había bastante gente en la cafetería, oficinistas domingueros hijos de puta, pero en el jardín nadie. Me senté en mi mesa favorita a leer, y de pronto el camarero encendió los altavoces del jardín, a toda hostia, una música electrónica infernal como la que sale del maletero de los seat ibiza a las siete de la mañana en el aparcamiento del Amnesia. Se me pasó el spleen de golpe, sí, pero me dieron unas ganas de matar incontrolables. Estuve sopesando la idea de volcar la mesa con el café entero, dejar 10 euros en la silla y marcharme dando un portazo, pero decidí levantarme y entrar a pedirle al bakala de extrarradio de la barra de dentro que si no le importaba poner fin a esa tortura, apelando al acuerdo secreto inter-camareros. Y lo hizo. Increíblemente, apagó la música del jardín. Probablemente escupió o se masturbó sobre mi tacita de tomate triturado antes de que la camarera, también bakala, me lo trajera, pero lo importante es que apagó ese horror. Seguí leyendo, muy a gusto y muy digno, pero al ratito entraron en mi Paraíso Secreto del Desayuno de Alto Rendimiento dos matrimonios con treinta y siete millones de niños correteando alrededor de mi mesa, y tuve que irme. Me sentí bastante sazatornil esta mañana, pero al menos se me pasó la tristeza. He vuelto a casa después de comprar comida preparada, he estado planificando el día vía whassap y hasta me he reconciliado un poco con el Cejakas en cuatro frases acordiales (que mira que me da igual, no le echo de menos para nada…; ésta sí que es una larga historia, pero la verdad es que nos hemos distanciado varios continentes, pese a vivir a dos manzanas). La Lore, que ayer era más Kim que Lore, se ha despertado pronto no sé cómo y me va a llevar a pasar la tarde a la Sierra, a visitar a mi mejor amigo del alma, que se ha venido un mes a España y quiero conocer a su segundo hijo. O voy a Manzanares o no hay manera. Después trabajo en el bar, aunque llegaré un poco tarde. Vienen mis papás al teatro y a cenar al bar. De puta madre, porque así me ahorro la visita al piso familiar de la semana que viene, que ya tocaba. Y hala, dentro de unas pocas horas, una semana menos. ¡Ah sí, se me olvidaba contarlo! Hace unos segundos estuve escribiendo una cosa en un tumblr que tenía. Hace décimas de segundo. Ahora de hecho sigo. Pero ya. Basta. Un poco más… Vale. Ya.